Ya os he contado que en mi agencia organizamos un viaje de prensa y bloggers para visitar, entre otras cosas, el nuevo restaurante del chef Josean Martínez Alija en el Museo Guggenheim, llamado Nerua, ya que la cocina había sido equipada íntegramente por mi cliente, Fagor Industrial (y que sirva nuevamente esto a modo de disclaimer, pero no hablo de ello porque sea mi cliente sino por lo mucho que lo disfruté!).

El nombre del restaurante, Nerua, viene de Nerva que era como los romanos llamaban a la ría del Nervión, por si os pica la curiosidad.

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Lo cierto es que es una gozada poder entrar al restaurante y que te hagan un pequeño tour de la cocina, que te enseñen los equipos que hay montados y que el propio chef te cuente qué es lo que necesitaba y por qué se decidió por este suministrador de equipamiento en concreto. Lo primero que sorprende es ver que la cocina no cuenta con fuegos, ya que todo es inducción, pero los propios responsables de haber montado la cocina me contaron que en este tipo de restaurante, que puede servir a un máximo de 40 comensales (y generalmente serán menos, por cómo están montadas las mesas), no se busca mucha potencia, sino un control preciso.

Fue genial poder ver el techo ondulado, y cómo las campanas de las diferentes áreas de la cocina tenían sus paredes laterales también onduladas, siguiendo la forma del techo. Y la cava de vinos, muy grande y también espectacular. Todo ello hecho a medida, para que la visión de Josean no estuviera limitada por la tecnología, y con una cocina a la vista en la que se invita a que los comensales se acerquen e intercambien sus impresiones con el personal de cocina.

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El restaurante cuenta, además, con una preciosa terraza desde la que se ve el Puente de la Salve, el Museo Guggenheim y la araña de Louise Bourgeois, y en la que tomamos el aperitivo (cortezas de bacalao al pimentón de la vera, que eran piel del bacalao pero que sabían como las cortezas de cerdo de toda la vida; oreo de aceitunas negras y queso idiazabal, y kiskillas de Bilbao). Todo ello regado con un txakolí que había sido infusionado con cereza y flor de saúco que estaba delicioso. Así desde luego se empezaba bien.

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Luego bajamos al comedor, donde estuvimos perfectamente atendidos en todo momento y donde, aunque la mayoría de los invitados no se daban cuenta (exceptuando Garbancita, y eso que estaba de espaldas), un caricaturista iba haciendo de las suyas, para entregarlas antes de que nos fuéramos al hotel de vuelta (que estaba cruzando la calle del Museo :D). Muchas risas y alguna ceño fruncido cuando se vieron las caricaturas. La mía, ejem, mejor no os la enseño…

¿Qué cenamos? Pues un menú fantástico, empezando por los tomates en salsa con hierbas aromáticas y fondo de alcaparras, que sinceramente estaba espectaculares porque con cada uno tenías un sabor diferente, y por lo que me enteré, el proceso para prepararlos lleva bastante tiempo, con lo que es un plato al que se le ha dedicado mucho cariño.

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Tras esta maravilla a base de tomates, seguimos con un plato de hebras de berenjena asada con makil goxo (regaliz) y yogur de aceite de olivos milenarios (Variedad de oliva Farga), que a la vista asemejaba a una berenjena entera, y que aunque rico, quizás el makil goxo tenía demasiado protagonismo.

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Después le llegó el turno a uno de mis platos preferidos, el lomo de atún con caldo de ajos silvestres y alcaparras de Ballobar con hierba limón, y es que el atún es uno de mis pescados favoritos, y éste venía cocinado perfectamente en su punto, además del detalle curioso de que el caldo de ajos silvestres habíamos visto cómo lo terminaban de preparar cuando llegamos a visitar la cocina. Muy, muy rico, un lujo de atún.

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Tras el atún saltamos a un foie gras asado en parrilla, zanahorias y makil-goxo, que de nuevo estaba muy rico aunque volver a usar el makil goxo resultó un poco excesivo, pero como el foie, y más cuando está cocinado en su punto, me encanta, este plato también me gustó muchísimo.

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De postre tuvimos fresas, caseína batida, crujiente de violetas y coco helado, que estaba espectacular, pero los que me conocéis ya sabéis que las fresas son mi fruta favorita. Eso sí, también soy un chocolateadicto, así que un chorrito de chocolate fundido me habría encantado.

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En definitiva, una cena espectacular en un restaurante novísimo y que tiene pinta de convertirse en una referencia en Bilbao. Y un lujazo poder compartir mesa con tantos bloggers ilustres, claro.

Os dejo sus datos, por si queréis pasar a probar la cocina de Josean y un mapa de situación (aunque estando donde el Museo Guggenheim, complicado de encontrar no es, desde luego).

  • Nombre: Nerua
  • Dirección: Avda. Abandoibarra 2. (bajo el puente de La Salve). 48001 Bilbao
  • Teléfono: 94 4000 430
  • Web: Nerua

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