Rock&Ribs

Rock&Ribs, unas hamburguesas a evitar

ACTUALIZACIÓN: el restaurante cerró sus puertas hace ya algún tiempo.

Rock&Ribs es una cadena de restaurantes de inspiración americana que forman parte de Comess Group, el mismo grupo que gestiona las tabernas Lizarrán o las Cantina Mariachi, por ejemplo.

Aunque en Madrid ya contaban con presencia, aprovechando que habían abierto un local en la calle Arenal, muy céntrico, fuimos a ver qué tal se desenvolvían en el aspecto hamburguesil.

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Al pasar por la calle, lo primero que encontramos fue una especie de «hombre anuncio», repartiendo folletos e intentando convencer a la gente de que entrase. Al estilo de los que anuncian los buffet libres por la zona, o los que compran oro. No fue un augurio muy bueno, la verdad.

Luego, el local es muy grande, con dos plantas, y muy espacioso, y además estaba decorado con motivos de Halloween, ya que fuimos el 1 de noviembre. El trato fue muy bueno en aquellos primeros momentos, con el personal muy atento hasta ese punto.

La carta para niños y los entrantes

Aquí empezaron los primeros problemas. Cuando vas con un niño pequeño, aunque cada vez come más cosas y siempre puedes improvisar algo para él de lo que encuentras en la carta, una carta especial para peques o al menos alguna indicación de platos especiales siempre es bienvenida.

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Sin embargo, nos sentaron y nos pusieron 3 cartas normales. Pensábamos que el local no tenía menú infantil, pero en una mesa que se sentó 10 minutos después, que también tenía niños, pudimos ver qué en efecto sí existía un menú infantil que en ningún momento se nos ofreció.

Para nosotros pedimos unos Nachos «Machos» (7,50 euros), que simplemente eran correctos, con guacamole, salsa de queso cheddar, pico de gallo y nata agria. Bastante normalitos, la verdad.

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Para Eric, ya que no teníamos carta especial, pedimos unos Chicken Fingers (6,90 euros), que no tenían mal aspecto, y venían además unos 7 fingers de pollo de buen tamaño. Curiosamente, 2 de ellos venían con el exterior más oscuro, como si hubieran pasado más tiempo en la freidora, y los demás con un color más dorado. El problema fue que al partir varios de los de color dorado bonito, por dentro estaban crudos (!!!). La foto sé que no se ve muy bien, pero se nota el centro crudo.

Fingers de pollo crudos por dentro. Lamentable.
Fingers de pollo crudos por dentro. Lamentable

Eric necesitaba comer algo ya, porque además habían tardado en traerlos, así que le fuimos dando los 2 que venían más hechos y devolvimos el resto a cocina. Más de media hora después, nadie había hecho ningún ademán de traernos unos fingers de pollo correctamente cocinados. Tuvimos que decirlo nosotros, y para culminar un servicio al cliente pésimo, nos trajeron 3 nuevos fingers, en lugar de un plato nuevo. Cualquier restaurante que se precie, cuando devuelves algo a cocina, te traen, sin decir nada tú, el plato completo de nuevo. Además, los probé, y sólo sabían al empanado. Un desastre.

Las hamburguesas, mejor olvidarlas

Mirando la carta parecía que las hamburguesas tenían buena pinta: algunas con queso azul, otras con queso de cabra, otras más normales, etc. Se pueden pedir de 2 tamaños, de 170 gramos y de 220 gramos. Según la carta, «de la mejor carne». En nuestro caso pedimos (ambas de 220 gramos) una Chrysler Goat Burger, con queso de cabra, pimiento asado y salsa de mostaza y miel (10,80 euros) y una BBC Burger, según la carta con queso azul, lonchas de bacon crujiente, lechuga, tomate, pepinillo y cebolla roja (9,90 euros).

(las hamburguesas de Rock&Ribs son) un máster de todo lo que se puede hacer mal con una hamburguesa, todo junto

Las alarmas saltaron cuando el camarero no nos pidió el punto de la carne. Pero bueno, algunos sitios tienen por costumbre servirlas al punto y no lo preguntan al considerar que de esa forma se disfrutan más. Quería tener una actitud positiva. Pero menudo desastre de hamburguesas.

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Media hora tras haber terminado los entrantes, seguíamos sin tener las hamburguesas, y cuando por fin vinieron, las dejaron sobre la mesa de forma descuidada, de forma que la mía acabo medio desmontada en el plato, sin que al camarero le importase lo más mínimo. Se puede ver en la foto, y hace que de primeras la hamburguesa sea poco apetecible.

Mi hamburguesa, dejada en la mesa de cualquier manera y medio desmontada
Mi hamburguesa, dejada en la mesa de cualquier manera y medio desmontada

Y luego visualmente, algo te dice que no son capaces de cumplir en la realidad lo que dicen en la carta. El queso azul, como se puede ver, no venía en absoluto fundido, y se puede ver que es queso azul que viene en esos envases individuales triangulares, porque en uno de los pedazos se ve la forma enrejillada del envase. Simplemente lo sacaron de ahí, lo trocearon, y lo pusieron encima de la carne.

Queso sin fundir y poco apetitoso, y una única loncha de bacon, y nada crujiente
Queso sin fundir y poco apetitoso, y una única loncha de bacon, y nada crujiente

¿Lonchas de bacon crujientes? Una loncha, nada más. Y como se ve, más cocida que crujiente. Esto empezaba mal. Corté la hamburguesa por la mitad para comprobar el punto de cocción y madre mía, os dejo la foto porque habla por sí sola: carbonizada.

Deberían inventar un nuevo grado de cocción: carbonizado.
Deberían inventar un nuevo grado de cocción: carbonizado

Y es que a eso sabía. Un mordisco a la hamburguesa y estaba crujiente de la capa carbonizada que tenía la carne en el exterior. Todo ello con un pan bimbo sin tostar, que para qué vamos a cuidar el detalle del pan cuando el resto de ingredientes son tan malos, ¿verdad? En definitiva, un máster de todo lo que se puede hacer mal con una hamburguesa, todo junto.

La experiencia fue tan nefasta que, aunque íbamos con ganas de postre, decidimos no pedir nada porque no nos apetecía seguir allí, así que si alguna vez os habéis fiado de mis reseñas de sitios de hamburguesas, hacedme caso y evitar Rock&Ribs, porque vuestro estómago os lo agradecerá.

Luis
Luis

Luis es el fundador y director de Japonismo.com, la mejor página web sobre Japón. Tiene un máster en estudios contemporáneos de China y Japón y además es ingeniero de telecomunicación. Antes de dedicarse a Japonismo fue program manager en Google, en Londres.